Si bien no es un september issue, el número de enero de la edición norteamericana de Vogue siempre despierta mucha expectación entre los forofos de la moda. Gwyneth Paltrow, Charlize Theron, Nicole Kidman o Cate Blanchett son algunas de las flamantes actrices que suelen ocupar las portadas de la revista. Sin embargo, para el primer número de 2012, Anna Wintour ha decidido darle un aire "renovado" y colocar en portada a una mujer que ya pasa la frontera de los 60: Meryl Streep.El motivo es el próximo estreno cinematográfico de Streep, La Dama de Hierro, en la que da vida a Margaret Thatcher, la primera mujer que ocupó el cargo de primer ministro y líder del partido conservador en Reino Unido. Su papel ya está generando rumores de Oscar, lo que supondría su diecisieteava nominación y, de resultar ganadora, su tercera estatuilla dorada.
La actriz no sólo es la intérprete más nominada de todos los tiempos, sino que se ha convertido en la cover girl más longeva de la historia de Vogue. Si el mes pasado teníamos a una Charlize Theron cual sirena sudafricana y en octubre a Michelle Williams emulando a Marilyn Monroe con un Oscar de la Renta, ahora la revista da un vuelco de 360º y se decanta por una actriz de 62 años con arrugas y con canas.
Sí, muchos pueden decir "¡Bravo! por fin una revista de moda se aleja de los cánones de juventud y belleza", pero la verdad es que no hay "progres" en el mundo de la moda. Se puede ser innovador estética y formalmente, pero no en cuanto a conceptos. Y uno de los conceptos que, hasta ahora, creía que transmitía la Biblia de la moda era que la juventud y la belleza están por encima de todo. Su misión no es dar cuenta de la realidad, porque para ello ya tenemos los periódicos. Su verdadera misión es transportar al lector a un mundo de fantasía y color, en el que todo sea brillante y glamouroso, en el que las mujeres se conviertan en diosas terrenales... En resumen, un mundo en el que no haya cabida para las arrugas, las canas ni para señoras que estén cerca de la jubilación.
Además, la propia revista se contradice en su intención de resultar progresista y rompedora. Si en realidad hubieran querido representar la belleza madura, habrían situado a la Streep en un contexto más acorde a su edad, no sentada sobre unas rocas en la playa como si se tratara de la sirenita Ariel saliendo del agua. Por otro lado, a pesar de sus 62 primaveras, la piel de la actriz luce tersa y lisa, sin arrugas de expresión ni manchas faciales. Vamos, el rostro de una veinteañera. Si al final Vogue se olvida de las actrices jóvenes y apuesta por señoras maduras, lo más sensato sería que se olvidase Photoshop y dejara ver los signos de la edad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario